Las vistas desde la cima del Pico de la Rapita, bien habían merecido el esfuerzo de la subida. Todo empezó llenando agua bien fresca en la fuente de Donace a las 8 de la mañana.
Saliendo por la carretera hacia Matet, aparece una pista forestal con la marca del GR 63.3 que nos guiará. Poco después de admirar la balsa del Cañar, la pista se bifurca, pero nosotros: siempre hacia arriba.
Al final distinguiremos una casa de forestales, y desde ese punto comienza el sendero con un repecho a mano izquierda. Subir y solo subir por un bosque único de alcornoques, que nos atrapa, pasando por la caseta de la fuente de Alcodori que suministra al pueblo.
Así llegamos al collado de Villamalur. Allí cuatro caminos coinciden. Tomamos la derecha. La dureza del último tramo es como había leído. No dejamos de pasar trincheras y nidos de ametralladora que nos sugieren la dureza del frente de Espadán.
Por fin, la cumbre. A 1.106 metros, la Rapita abraza la sierra. Los surcos de las calles de Algimia se alinean hacia la gran montaña. Nuestra vista se desliza hasta los llanos de Onda, Jérica, Segorbe, Villamalur, las sierras de Teruel…
Almorzar con esta perspectiva, y después del esfuerzo, significa encontrar la felicidad.
La bajada, la hacemos por el lado derecho, también por senda marcada, hacia la Nevera de Espadan, pasando por la Almenarilla y sin dejar de ver vestigios de la guerra civil española.
Es una bajada difícil, con pendientes particularmente pronunciadas.
Ya en el asfalto, descendimos hacia Algimia, no sin antes beber en la fuente de la Calzada y agradecer al cielo las gotas que nos soltó a manera de refresco.
Desde el pueblo, cada vez que ahora veo, la montaña que nos abraza (así me gusta llamarla) tiene un nuevo significado. La Rapita es la protectora de la Sierra de Espadán. Y nos atrapa…




