Hasta los 1600 metros, en plena sierra de El Toro.
Desde allà manaban las aguas frescas y limpias del único rÃo que llora, sin salirse de las tierras valencianas.
Y claro, merecido era adentrarse por la garganta de la Rambla seca: Todo un increÃble viaje a la milenaria erosión.
La bajada, suave. Llena de flora nativa, y muy fresquita porque la ruta se desliza siguiendo el murmullo y el caudal del rÃo. Bañarse en aquellas aguas para valientes. (Que haberlos, los hay.)
La comida, celebrada, divertida y claro esta: junto al Palancia…
Todo ello aderezado con una pizca de fotos.







